El perdón (2ª parte)

Perdonar es tomar la decisión de no sufrir más los perjuicios y la memoria de lo que ha sucedido en el pasado. Tiene que reconocerse como un deseo fuerte de nuestra parte; si esta condición no se da el perdón no se hará presente. En vez de fijarnos en quien viene a golpearnos, observamos lo que estamos haciendo o dejando de hacer para permitir que se nos golpee o para golpearnos nosotros mismos. Perdonar es decidirse por tomar las riendas de la vida impidiendo que sean otros quienes la marquen.

Es necesario que dejemos de buscar un culpable de nuestro dolor. Porque eso es lo que casi siempre hacemos: culpar, no aceptar que somos responsables de lo que nos sucede o de lo que hacemos cuando algo que no depende de nosotros sucede. No somos responsables de que nos lastimen pero somos responsables de lo que haremos al respecto.

El perdón es la decisión de no sufrir más, es simplemente decidir entre seguir sufriendo o hacer algo para estar mejor.

Es más fácil culpar a otro, acusarle, juzgarle. Resulta más difícil asumir una actitud de responsabilidad para ver qué parte nos corresponde a nosotros. Quienes no se dan cuenta que tienen parte de responsabilidad en los problemas que se le presentan se convierten en víctimas perpetuas. No hacen nada para cambiar, se conforman con lo que les den. Nada de lo que pase es su culpa y nada puede cambiar. Se quedan impasibles esperando lo que venga, esperando a ver que pasa, en vez de defenderse, alejarse o renunciar a algo si es necesario.

Perdonar no es solo entender al otro y la ofensa, es entender que tenemos que hacer algo para impedir que se nos dañe, porque incluso pueden ofendernos pero sin que eso provoque en nosotros el mínimo dolor o angustia.

El perdón nos llevará al punto en el que no quedamos impasibles y cruzados de brazos, sabremos dejar claro una cosa: “estás perdonado pero no me lastimes más porque ahora sabré defenderme”. El agresor debe entender que en la relación que tiene con nosotros hay ahora límites establecidos claros, y que debe respetarlos o de lo contrario no habrá relación. Tenemos el poder de otorgar a otros poder para que nos humillen y hagan de nosotros un guiñapo si quieren, pero tenemos también el poder para aclarar las pautas de relación que se deben tener con nosotros. Ó me respetan y compartimos la vida en armonía o no tenemos nada.

Si creemos que la realidad no se ajusta a nuestras creencias, pensamos que la realidad está mal. El sufrimiento tiene que ver con la no aceptación de la realidad y con la intolerancia a las situaciones que nos frustran. El perdón tiene que ver con la sanación interna de nuestro yo dolido. Tiene que ver con el deseo de liberarnos del dolor que sentimos, sin darle libertad a nuestro agresor para que continúe lastimándonos.

Queremos el perdón en nuestra vida porque deseamos aprender a establecer límites en la relación con otros, porque deseamos tener una oportunidad nueva para amarnos. El perdón es necesario en nuestra vida porque es la llave que abre la puerta al amor, a las relaciones maduras, a la paz, a lo mejor de nosotros mismos. Sin el perdón no podemos ir más allá de la culpa, el dolor y la desgracia; sin él la única opción es pasar la vida lamentándonos.

 

El perdón (1ª parte)

Perdonar significa dejar partir dentro de nosotros una emoción negativa que nos está haciendo daño, por tanto cada vez que perdonamos nos hacemos un favor a nosotros mismos porque nos liberamos de una emoción auto-destructiva.

Si te insultaron y te sentiste insultado fue responsabilidad tuya. ¿Por qué aceptaste el insulto? Nadie puede obligarte a aceptarlo. El otro tiene la libertad de insultarte pero tu tienes la de aceptar o no el insulto. Si lo aceptas es tu responsabilidad. El insulto no tiene ningún sentido hasta que lo aceptas. La manera más elegante de manejar un insulto es ignorarlo. ¿Para qué aceptar veneno? Si alguien trae una taza llena de veneno y quiere regalártela, le puedes decir: “muchas gracias pero no lo necesito”

El perdón se caracteriza por sus efectos: paz interior y liberación. Y esto sucede cuando en la profundidad de tu mente se produce un verdadero cambio de percepción. No tiene que ver con la cantidad de sufrimiento expresado.

Según mi modo de ver el mundo siento de un modo u otro, por tanto soy responsable de mis sentimientos. Además dispongo de la capacidad de cambiar mis patrones mentales que organizan mi modo de ver y que causan mi malestar.

Si reconozco que con mi actual modo de ver experimento sufrimiento de diversos modos, ¿porqué conformarme con eso si está en mi mano cambiarlo?

El perdón comienza por esta disposición al cambio desde la humildad de comprender que algo debo estar percibiendo mal ya que experimento sufrimiento.

No queremos cambiar la emoción en sí, sino trabajar la causa interna donde se produjo el sufrimiento. Cuando en los momentos de perturbación interior somos capaces de abrazar nuestra emoción y encontrar en la persona que hay delante algo distinto, me abro a algo nuevo en ese instante. Mis viejos programas mentales no han sido atendidos, no han encontrado mi crédito, y por tanto no han conseguido alimento. Así, libre de mis viejos patrones, he decidido ver a la persona de otro modo. Mirando más allá del papel que representa y más allá de mis recuerdos de dolor. Muy profundamente traspaso el sentir del momento y digo internamente: “quiero ver amor, quiero ver belleza”.

Empiezo a buscar rasgos de amor, belleza, paz, comunión en la otra persona y recuerdo que debajo de todas las apariencias, aquella persona que estoy viendo, en lo profundo, es algo muy familiar, un viejo conocido. Soy yo mismo bajo otra apariencia. Estás sanando tu mente al haber pasado desde una mentalidad que producía separación, sufrimiento y conflicto a otra mentalidad que elige ver amor, perdón y comunión. Estoy dispuesto a soltar las viejas defensas del ego. Al decidir dejar tu mente pequeña sumida en programaciones y decidir abrirte a una mentalidad mayor, te sientes internamente lleno; va naciendo poco a poco una nueva plenitud, una seguridad interior que te ayuda a ir dejando caer las capas del ego. Has empezado a descubrir lo que eres porque cada día lo sientes. Eres amor.

Algo ha pasado que no puedes comprender ni explicar. Sabes en lo más íntimo que has conectado con los mecanismos profundos del perdón. Has sido bendecido con una ducha de paz y sabes que algo verdadero ha sucedido. Tu mente rompe sus límites y se abre a la plenitud. La persona que hay delante de ti no está fuera de ti. Sencillamente, ambos sois lo mismo más allá de cualquier forma o papel que estéis representando. Esta persona es tu subconsciente. Ha tomado otra forma y se presenta ante ti en busca de tu reconocimiento. Mediante el cambio de percepción eres capaz de ver la verdad en medio de la aparente confusión. Tu Ser se hace accesible según te vas limpiando interiormente de miedos, culpas y victimismos. Eres inocente, nada puso pasar de otro modo, no hay nada que temer ni que controlar. No hace falta luchar, no hay nada contra lo que luchar. Tu función es darte completamente a este cambio, tu función es perdonar y en ella radica tu felicidad.

 

¿Qué es la terapia regresiva?

La terapia regresiva es una técnica de auto-conocimiento que nos permite rastrear en nuestro inconsciente y descubrir el origen de los traumas del pasado que están produciendo alteraciones conflictivas en el presente.

Utilizando esta terapia, somos conscientes de que los problemas que creemos que son del presente, generalmente son actualizaciones de heridas no sanadas ni resueltas del pasado. Así, el conjunto de traumas emocionales no resueltos, se proyectan desde la memoria inconsciente como algo que nos condiciona en cada uno de los actos de nuestra vida.

Un trauma es un recuerdo de un acontecimiento asociado a una carga emocional dolorosa. Con el tiempo, el recuerdo queda olvidado, pero permanece la carga emocional de la herida en nuestro inconsciente produciendo conductas anormales cuando algo del presente entra en resonancia con las heridas del pasado.

Reaccionamos en el presente, no de acuerdo con lo que está sucediendo, sino con lo que nuestro inconsciente está reviviendo según las heridas del pasado.

A través de la terapia regresiva podemos descubrir el origen de los traumas del pasado e ir a la raíz de nuestro dolor. Podemos ir al lugar y al momento exacto donde se generaron esas fuerzas emocionales profundas que nos están condicionando actualmente.

Podemos identificarlas y liberarlas volviendo a ese preciso momento en el cual esa energía atrapada dio como resultado determinados condicionamientos negativos de nuestra vida. Para liberarlos, recordar es el primer paso pero no es suficiente. Es necesario vivenciar, volver a sentir el hecho que originó esa emoción negativa. Por ello la terapia regresiva es principalmente vivencial y el cuerpo experimenta las vivencias de las emociones que surgen.

Al revivir la situación traumática original, permitimos que ese dolor encuentre salida a través de nuestro cuerpo. Todo ello actúa como un drenador de las heridas del alma, produciéndose una integración y una posterior liberación de los traumas y de sus energías enquistadas.

La comprensión profunda que surge en ese momento es altamente sanadora y liberadora.

Empezamos a enfermar desde el período de gestación y durante los primeros años de nuestra existencia. Y debemos regresar allí para sanarnos. Esos recuerdos dolorosos son heridas que debemos drenar, limpiar y curar a través de las técnicas adecuadas, para que dejen de condicionar al adulto en sus pautas de conducta conflictivas, enfermedades físicas o trastornos psicoemocionales.

¿Cómo funciona la mente?

Las creencias que cada uno albergamos, no son verdades sino ideas. A pesar de que creamos en ellas, pueden ser falsas.

Lo que nos decimos a nosotros mismos es más importante de lo que parece, ya que toda creencia que asumamos como verdad, sea cierta o no, tiende a manifestarse en nuestra vida.

Por ejemplo, si reaccionamos a una frase como “Soy un inútil”, como si de verdad lo fuéramos, esta creencia buscará confirmarse para mantener la coherencia interna. ¿Y cómo se confirma? A través de nuestros actos, actuando como si fuéramos inútiles y pareciendo inútiles.

Para liberarnos de esto debemos considerar los pensamientos como lo que son: simplemente ideas que pueden ser ciertas o no. Por tanto, ante cualquier pensamiento que nos pase por la cabeza, debemos valorarlo correctamente y darnos cuenta de que:

  • Los pensamientos pueden ser ciertos o no, no siempre coinciden con la realidad
  • Los pensamientos no siempre son verdad; por tanto no debemos creerlos a pies juntillas
  • Los pensamientos no siempre se deben tomar en serio y darles importancia
  • Los pensamientos no son órdenes; no debemos obedecerlos automáticamente
  • Los pensamientos no siempre son sabios, por tanto no siempre debemos seguir su consejo

Para librarnos de su poder sobre nosotros debemos cuestionarlos para distinguir aquellos que nos resultan útiles de los que no. Y aquellos que no nos son útiles lo mejor es ignorarlos. ¿Cómo se hace esto? Cuando se me pasa por la cabeza que “soy un inútil”, en vez de reaccionar sintiéndome mal, darme cuenta que sólo es un pensamiento y no darle más importancia. Darme cuenta que no me es útil creerme eso, no tomarlo en serio.

Es mejor decirse a uno mismo: “estoy teniendo el pensamiento de que soy un inútil; solo es un pensamiento y como no me resulta útil, lo ignoro".

Así los pensamientos tóxicos pierden el poder que ejercen sobre nosotros y no permitimos que nos afecten ni que traten de confirmarse manifestándose en nuestra vida

Para trabajar la mente se necesita hacer un esfuerzo de auto-observación y tener un auténtico propósito de cambio.

El maltrato psicológico, claves para reconocerlo y superarlo.

En las últimas semanas he compartido pequeñas reflexiones sobre el maltrato psicológico o abuso emocional.

Hoy os invitamos a ojear el trabajo al completo

Este trabajo va dirigido a aquellas personas que se encuentran en una situación de maltrato psicológico o abuso emocional dentro de la pareja. Describe en qué consiste y qué tipos de comportamiento suponen maltrato, teniendo en cuenta que no todas las personas maltratadas son conscientes de que lo que sucede en su relación de pareja está siendo abusivo y puede considerarse maltrato. El daño o destrucción del sentido del yo y la autoestima, como consecuencia del maltrato repetido, además de dar lugar a ansiedad, depresión o trauma, distorsiona el modo de verse a uno mismo o al mundo, dejando a la víctima atrapada en una situación en la que se ve incapaz de salir.

Espero que os sirva de ayuda.

Un saludo

La terapia transpersonal en el maltrato psicológico

La labor del terapeuta transpersonal es acompañar a la víctima de abuso emocional en un viaje a su interior que le permita descubrir su herida y mirarla cara a cara haciendo consciente lo inconsciente.

A través de preguntas de poder tratará de descubrir junto a la víctima qué historia está repitiendo que la obliga a permanecer en una relación de pareja que sólo le aporta sufrimiento. ¿Qué repite? ¿Cuál sería esa primera historia de amor que la dejó marcada de esa forma?

Para dar respuesta a esas preguntas paciente y terapeuta emprenderán juntos una exploración por esos territorios desconocidos de su historia infantil sin una idea preconcebida de dónde les va a conducir. Se van destejiendo los apretados nudos del pasado que mantienen a la víctima amarrada a una situación de infelicidad. Para ello el paciente debe pararse y darse cuenta de lo que está sucediendo dentro de sí mismo.
Esa historia infantil va apareciendo, pudiendo valerse de técnicas de relajación y de regresión para sacarla a la luz.  Es una investigación única, fascinante, irrepetible, tanto para el paciente como para el terapeuta.

A través de este viaje van emergiendo a la consciencia contenidos que permanecían ocultos, reprimidos. Es la sombra que por fin abandona la oscuridad y sale a la luz. Y es aquí cuando el paciente descubre que cuando se pone en contacto con su propia vivencia el cambio se produce por sí sólo. Es decir, sólo cuando se da cuenta de lo que hace, cómo lo hace y porqué lo hace, está capacitado para cambiar su propia conducta.
Una vez identificada la parte herida del niño interior que se ha intentado esconder y olvidar para siempre, se elegirá adoptarlo y cuidar de él, ofreciéndole amor incondicional y haciendo las paces con los aspectos mal amados de uno mismo. El niño herido pide que no se le juzgue, no se le castigue, no se le condene; ya se le ha juzgado, castigado y condenado bastante. Necesita que, por fin, se le ame. La parte adulta debe aprender a convertirse en padre compasivo del niño herido. Ese niño que grita, llora, se encoleriza, necesita, ante todo, que se le reconozca, acepte y quiera en su dolor. Esta es la primera condición para una curación natural.

Este proceso libera la conducta de repeticiones no deseadas y hace que la sombra deje de ser peligrosa al haberle prestado la debida atención, porque ahora ya no domina el comportamiento gracias a haber acogido a este “enemigo que hay en nosotros” y transformarlo en amigo.
En una víctima de maltrato psicológico la sombra puede adoptar distintos nombres como miedo al rechazo, al abandono, sentimiento de culpabilidad, de inferioridad, desaprobación, inseguridad, falta de respeto por uno mismo, dependencia emocional, necesidad de agradar, falta de amor propio…

Atreverse a afrontar las emociones reprimidas permite recuperar la vida y destruir las fachadas que ocultan el verdadero yo. Abrirse conduce a una nueva dimensión del Ser, dando por fin acceso a una profundidad desconocida hasta ese momento, aportando a la vida una riqueza ante la cual todas las fortunas del mundo son irrisorias. Tranquilamente se va integrando la experiencia pasada y el sufrimiento se va disolviendo. La carencia sigue existiendo, pero ha cicatrizado y ya no tiene poder para gobernar la vida.

Durante este viaje interior llega un momento en que surge el desapego, que en el fondo es un gesto de amabilidad por el que dejamos a la otra persona libre de seguir su propio camino. Es dejar que cometa sus propios errores, sin intervenir ni juzgar.

Tras llevar a cabo este proceso de aceptación e integración de las partes de sí mismo, el paciente estará en condiciones de tomar una decisión sobre su relación de pareja, pero ahora libre de condicionamientos del pasado y de reacciones automáticas. Su decisión vendrá de un estado de conciencia en el que sus heridas del pasado no tienen ningún efecto sobre él porque ya no le generan sufrimiento ni tienen capacidad para gobernar su vida. Aunque no ha podido cambiar su pasado, sí ha cambiado la forma de interpretarlo borrando a partir de ahora las consecuencias que le había causado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Introducción a la terapia transpersonal

Un terapeuta transpersonal es un acompañante del alma; aquel que ayuda a las personas a ascender a niveles superiores de conciencia, a desarrollar su capacidad para asumir la responsabilidad sobre sí mismos y sobre sus relaciones y experiencias, a capacitarlos para que satisfagan de manera adecuada sus necesidades físicas emocionales, mentales y espirituales de acuerdo con sus preferencias y a contactar con su propia dimensión transcendental.

El terapeuta transpersonal no cura la dolencia particular de la persona, sino que la capacita para que aprenda a contactar con sus propios recursos internos y deje actuar sin miedo el proceso natural de curación, que es también un proceso de crecimiento. Esto lleva a los terapeutas transpersonales a considerar que las crisis significan cambio y que todos los pacientes tienen la capacidad de autocuración, la cual se ve estimulada por el desarrollo de la conciencia transpersonal.

Para alcanzar sus propósitos, la terapia transpersonal hace uso de todas las técnicas que se encuentran a su disposición, ya que integra todas las teorías que se han estructurado para lograr una comprensión más plena de la psique. La elección de las técnicas se adapta por completo a las necesidades del paciente y a su estado de conciencia, ya que determinadas herramientas se muestran más eficaces con determinados niveles de desarrollo de la conciencia.

La apertura a lo transpersonal se acompaña de un sentimiento de libertad personal y una renovada sensación de ser más responsables y de estar dirigidos por nuestro “yo” más real. Por eso dejamos de sentir que estamos manejados por fuerzas exteriores ajenas a nosotros mismos.
Una vez que una persona ha despertado a las dimensiones transpersonales de la experiencia, la vida misma se ve diferente.

Esta terapia implica una expansión de la conciencia del paciente, quien verá y sentirá cada vez más claramente, que tanto sus sufrimientos y conflictos actuales como su insatisfacción general, son nimiedades comparadas con las infinitas posibilidades que ya comienza a vislumbrar y a experimentar.
De este modo, al disminuir su identificación con su melodrama interno y expandir su conciencia, el paciente experimenta una serenidad desconocida por él hasta entonces,  y una abundancia de motivación positiva que se transforma en empatía y compasión hacia todos los seres vivientes.
El desplazamiento de los intereses personales desde el ego  hacia valores superiores como la compasión, la belleza, la creatividad, el amor incondicional… marca el comienzo de una serie de cambios que constituyen el amanecer del siguiente peldaño de la evolución de la conciencia.

Podemos decir entonces que la terapia transpersonal te pone en contacto con tu propia verdad interior, con tu Esencia Divina, a través del darse cuenta, de observar patrones de pensamiento que conducen a acciones inconscientes y a hacer nuevas elecciones apoyadas en una mayor conciencia, que apunten a cambios y experiencias trascendentales en la vida.

Vivimos identificándonos con las emociones, los roles, los pensamientos, etc, y en un momento de la vida ya no sabemos donde está nuestro verdadero Ser, ni sabemos quienes somos, perdemos el rumbo, perdemos el “aquí y ahora”; predomina la separatividad, nos vamos alejando cada vez más de nuestro centro, de nuestro Self, de nuestra esencia.

Lo que nos va dando las pautas de la progresión en nuestro trabajo interno es que determinados estímulos a los que reaccionábamos de una manera determinada, ya no nos obligan a repetir conductas.

También se utiliza la práctica de la meditación para aquietar la mente, como una técnica que facilita el desarrollo y expansión de la conciencia transpersonal.
En general el ser humano mantiene su foco de atención en el afuera. Un afuera (familia, profesión, amistades), que en principio nos da la única referencia de nosotros mismos y al que de algún modo retribuimos con aquello que se espera de nosotros. De esta forma, nuestras acciones son generadas por pensamientos basados en devolver al afuera aquello que se espera de nosotros. Nuestras acciones, entonces, responden al mundo aprendido y no a nosotros mismos.
El efecto de nuestro trabajo interno, este estado de silencio o meditación, lo vamos a ir percibiendo a medida de nuestro perfeccionamiento del estado de presencia.

Llamamos oscuridad a la ignorancia, llamamos luz a la conciencia del Ser, y llamamos individuación al proceso mediante el cual vamos dejando de lado cada una de nuestras máscaras.
Es este tipo de experiencias, llamadas de Luz, las que nos van permitiendo dejar a nuestros viejos maestros (odio, dolor, miedo) y encontrarnos con que nuestra realidad puede apreciarse y comprenderse mucho mejor desde la Unidad.

La terapia transpersonal no accede a la persona a través de la mente, de hecho la mente queda supeditada ante la mirada atenta de la conciencia testigo. Cultivando una actitud de observación neutra de uno mismo y de la vida, la persona desarrolla una estabilidad profunda con la que se van trascendiendo los problemas cotidianos, disminuyendo su carga negativa y su repercusión en nuestro día a día.

El silencio es uno de los principales sustentos de esta corriente psicológica. Además de la meditación se sirve de otras prácticas como la respiración consciente, la respiración holoscópica cuyo camino es trascender la mente para acceder a la no-mente.
No hay un objetivo marcado, tan sólo aprender a disfrutar el camino y adquirir la sabiduría profunda que la persona cosecha durante el proceso terapéutico. Todo esto se realiza desde una plena atención consciente, desde una profunda contemplación interna sin juicios, que se suele ir adquiriendo a medida que se practican los diferentes ejercicios.

Lo transpersonal propone un renacimiento al Ser sin engaños, sin proyecciones ni trampas. La persona es la máscara social, aquellos aspectos nuestros que están a la vista, tanto para nosotros mismos como para los demás. La sombra, es en cambio, el conjunto de rasgos psicológicos reprimidos que no están a la vista. Son aspectos que nosotros mismos rechazamos porque nos avergüenzan, y por tanto los ocultamos a los demás y a nuestra propia percepción. Sin embargo, sin el conocimiento e integración de la sombra es imposible conocerse a uno mismo. El trabajo personal que se efectúa sobre ella constituye una condición esencial para quien quiera ser una persona equilibrada y entera, ya que su aceptación permite recuperar partes de uno mismo que han sido reprimidas por temor al rechazo social. Si el sujeto no reconoce su existencia se volverá contra él y le creará serias dificultades en la vida, ya que estos elementos indeseados de uno mismo, incluso una vez rechazados, sobrevivirán y procurarán afirmarse.

Uso de autoafirmaciones

Las autoafirmaciones son frases que puedes tener pensadas de antemano y utilizar para sentirte mejor en un momento determinado.
Cuando hayas escrito tus autoafirmaciones, lee esas frases con frecuencia, piensa en ellas a menudo, escríbelas varias veces todos los días y, sobre todo, úsalas cuando estés pasando un mal momento. Cuanto más presentes estén en tu mente, menos espacio quedará para los pensamientos generadores de malestar emocional.

Ejemplos de autoafirmaciones:

Aunque es preferible que crees tus propias autoafirmaciones, aquí tienes una lista de algunas que pueden servirte de ayuda:

¡Sí que valgo, valgo un montón, por supuesto que sí!

¡Por supuesto que merezco amor, merezco cosas buenas, merezco todo lo bueno que me pase!

Acepto y respeto mis propias y particulares características.

Acepto con amor el reconocimiento y el apoyo de los demás.

Soy perfecto/a tal y como soy.

Me amo a mí mismo incondicionalmente.

Me perdono a mí mismo, a mis padres y a los demás por los errores del pasado.

Tengo derecho a pedir lo que yo quiero.

Tengo derecho a decir NO a los demás, sin perder su amor.

Permanezco en serenidad independientemente de las circunstancias.
 

Pautas de conducta para desarrollar la autoestima

Disfruta

  • Deja de sentirte culpable cuando piensas (o cuando crees que otros piensan) que te has comportado mal o cometido un error. Si es cierto siéntete responsable y toma las medidas oportunas, pero no te sientas culpable ni te desprecies y castigues.
  • Deja de criticarte, castigarte, despreciarte y reprocharte. Puedes cambiar tus comportamientos negativos más fácilmente si no te desprecias a ti mismo.

  • Deja de compararte con otros y pensar que eres menos que ellos. Nadie es menos ni más que nadie, no existe una medida objetiva para juzgar eso.
  • Deja de pensar que cometer un error o ser despreciado o criticado te convierte en una mala persona o en una basura.

  • Valórate y reconócete a ti mismo. Ábrete a recibir el reconocimiento de los demás.
  • Sé claro con lo que realmente quieres, atrévete a decir NO cuando lo que quieres es decir NO, y SÍ cuando así lo deseas.

  • Atrévete a pedir lo que quieres y necesitas.
  • Proporciónate placer sin culpa. Dedícate tiempo, mímate. Ama tu cuerpo, reconócelo y admira su belleza.

  • Regálate cosas que te gusten, que deseas, siente que realmente lo mereces. Recompénsate, no te castigues.
  • Atrévete a expresar la verdad de lo que sientes en tus relaciones, respetuosa y responsablemente.

  • Ábrete a ser cuidado, a recibir amor.
  • Trátate a ti mismo como te gustaría que te tratasen los demás.

  • Construye para ti una conciencia de éxito, erradica la conciencia de fracaso.
  • Sigue tu propia intuición, ten confianza en ti mismo.

  • Cultiva pensamientos de merecimiento. Nútrete física, mental, espiritual y emocionalmente.
  • DISFRUTA!

 

 

Los efectos psicológicos del maltrato

La ansiedad, el cansancio y la depresión hacen mella en la víctima, así como una serie de síntomas que describiremos a continuación.

Baja autoestima: Cuando una persona ha escuchado demasiadas veces lo poco que vale, lo torpe que es, lo mal que  hace todo, lo mucho que complica la vida a los demás, lo poco capaz que es, lo poco atractiva que es, etc, llega un momento en que su autoestima puede venirse abajo.
Por este motivo es fácil controlar a una persona con una autoestima baja: hará lo que sea por conseguir un poco de validación personal, una palabra amable que le demuestre que no es tan incapaz y tan despreciable como ha llegado a creer que es.

Culpa y no merecimiento (sabotear sus logros): Puede llegar a tener la sensación de que es culpable de todo cuanto acontece, no sólo de sus propias acciones sino también de las de los demás. La culpa va acompañada de una sensación de falta de merecimiento. Después de todo, si alguien es culpable de algo, suele considerarse que merece un castigo.
Con esta sensación de culpa sobre sus hombros, puede llegar a sabotear su propia vida, de manera que cuando le sucede algo bueno, inconscientemente hace algo para desbaratarlo porque no se siente merecedora de lograrlo.

Soledad: La persona que vive en una relación abusiva siente una gran soledad. Por una parte no se siente emocionalmente conectada con su pareja. Por otra parte, el aislamiento al que la ha sometido su pareja y el hecho de que tal vez no cuente con nadie con quien hablar de lo que siente en su interior, aumenta su sensación de soledad y vacío. La mala relación que mantiene consigo misma acentúa también su sentimiento de soledad, pues no es posible mantener una relación real y profunda con nadie si no mantenemos una buena relación con nosotros mismos en primer lugar.

Problemas en la capacidad mental: Tiene problemas para concentrarse y mantener la atención. Los pequeños problemas de su vida diaria o de su trabajo, que antes resolvía sin dificultad, empiezan a parecer abrumadores. No se siente con fuerza ni con capacidad para afrontarlos.

Ira y resentimiento: A menudo, las víctimas de maltrato sienten ira, resentimiento y frustración debido al trato injusto que reciben.

Trastornos físicos: El cuerpo y la mente están unidos y funcionan como un todo. Cuando una persona está psicológicamente equilibrada y se siente feliz y satisfecha, su cuerpo funciona correctamente, su sistema inmunitario responde con eficacia y las probabilidades de contraer una enfermedad son escasas.
No obstante, el estrés al que están sometidas las víctimas de maltrato las hace vulnerables a padecer enfermedades que tienen un componente emocional, de manera que los factores psicológicos influyen en su origen, agravación y mantenimiento en el tiempo.

Problemas relacionados con la intimidad: Una relación de pareja es una relación íntima en la que se establece un vínculo emocional profundo. Cuando una persona ha sido víctima de malos tratos, su capacidad para establecer un vínculo emocional profundo con otras personas puede estar dañada.

Dependencia: El miedo al abandono puede hacer que la víctima se aferre a su pareja, que la llame con demasiada frecuencia, que le pregunte constantemente si la quiere, hasta el punto de llegar a agobiarla. Tienen demasiado miedo a que la relación les haga daño, tal y como ha sucedido en el pasado.

Codependencia: Es un tipo de relación en la que uno de los miembros actúa como “salvador” del otro miembro. La dependencia es recíproca porque del mismo modo que uno de ellos necesita a alguien que lo cuide, el otro necesita a alguien a quien salvar, porque es el modo que ha aprendido y el único que conoce de mantener una relación con alguien.

Hipersensibilidad: Debido al maltrato sufrido pueden haber desarrollado una sensibilidad especial ante los comentarios o acciones de los demás, de manera que tienen tendencia a interpretar de un modo negativo sus comportamientos. Miran a los demás con suspicacia, esperando que en cualquier momento hagan o digan algo despreciativo, les rechacen, ignoren, les dejen de lado o se burlen de ellos.

Pasividad y sumisión: Si bien algunas víctimas del maltrato levantan un frío muro entre ellos y los demás, otras personas se dejan llevar por ellos con pasividad. Si ha llegado a la conclusión de que el único modo de lograr aceptación y amor de los demás consiste en hacer cualquier cosa que el otro desee.